La futura Ley sobre derechos de los transexuales recibe su primer visto bueno unánime del Pleno del Parlamento

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Reproducimos íntegramente el discurso de nuestra portavoz de igualdad, Alba Doblas, en la toma en consideración de la Ley integral de Transexualidad:

Quisiera transmitir desde aquí la tremenda emoción vivida a lo largo de estos meses.

Desde la primera presentación de la proposición de ley por parte de IULV-CA hasta esta toma en consideración, han pasado meses de mucho trabajo pero también de muchas emociones compartidas junto a los integrantes de un colectivo de personas que nos han enseñado, que nos han guiado y nos han conducido por este camino.

Porque esto es lo más resaltable de la ley. No es una ley que nace de un grupo, ni de dos, nace de las propias personas interesadas, el colectivo transexual, que han ido relatando punto por punto cuáles eran sus necesidades, sus carencias, a qué tenía que responder la ley, muchas veces sin entender de competencias, sin razonar sobre lo que se puede porque estamos en el ámbito de lo que se debe.

Se debe de deuda. Deuda con un colectivo que ha visto pospuesta su reivindicación desde el año 2009 en que se aprobaba aquella primera PNL que trataba de ser un impulso a su ley. Deuda social con un colectivo largamente olvidado y  postergado frente a otros colectivos asimilados no porque vivieran problemáticas similares, sino porque parece que hacemos un cajón de sastre con todo aquello que la sociedad estigmatiza.

En Europa existen cerca de tres millones de personas transexuales, en España más de trescientas mil y en Andalucía cerca de ocho mil. Personas que de una forma u otra, son discriminadas y viven al margen de los Derechos Sociales y Civiles que garantizan las Cartas Constitucionales y, en nuestro ámbito autonómico, el Estatuto de autonomía. Colectivo al que se le vulneran Derechos Humanos Fundamentales, como son el Derecho a la dignidad, intimidad, el honor, a la propia imagen y al libre desarrollo de la personalidad.

La patologización de la transexualidad y el discurso “biomédico” que la sustenta, han perpetuado el estigma de estas personas, sometiéndolas a una exclusión social, laboral, sanitaria y educativa, influyendo en los discursos morales y “progresistas”, que han “justificado”, so pretexto de una “protección”, la negación de la verdadera identidad sexual, privándoles de  la capacidad como sujetos de pleno derecho y por consiguiente relegando a este colectivo de personas, a la categoría de subhumanos.

Son muchas las voces que se han posicionado en contra de la patologización de la transexualidad, sociedades científicas, políticas e instituciones, locales, autonómicas, estatales e internacionales. El Parlamento Español, la Cámara Vasca, El parlamento de Andalucía, La Asamblea Regional de Murcia… El Parlamento Europeo, El Comisario de los Derechos Humanos de la UE… Pero a pesar, de todas estas declaraciones, que han sido refrendadas por las fuerzas políticas, aún no se han concretado en medidas efectivas para no considerar la transexualidad una “enfermedad mental” y por consiguiente se sigue estigmatizando a las personas transexuales, segregándolas y dándoles un trato discriminatorio con respecto al resto de la ciudadanía.

Esta sociedad y los responsables de su gobierno, han de saber que no existen tratamientos “específicos para las personas transexuales. Cualquier tratamiento médico, o quirúrgico que necesiten las personas transexuales, puede ser necesario para todas las personas no transexuales. Hormonas, mastectomías, histerectomías, cirugías genitales, son en numerosas ocasiones prescritas para las personas no transexuales, teniendo acceso a estos tratamientos, sin ser segregadas y sin ser “sospechosas” de ser enfermas mentales, lo que se traduce en una vulneración del principio de igualdad y de no discriminación hacia las personas transexuales.

Esta ley por tanto, no es una ley de privilegios ni de ampliación de derechos, esta ley viene a garantizar la IGUALDAD en DERECHOS de las personas transexuales con el resto de la ciudadanía.

Esta sociedad y las fuerzas políticas tienen una deuda con las personas transexuales, porque a día de hoy la IGUALDAD, es un valor del que no son beneficiarias.

Por ello es necesario un marco jurídico que garantice la no discriminación por identidad de género y el reconocimiento de los derechos de las personas transexuales, para equipararlas en igualdad real al resto de la ciudadanía, en los ámbitos laborales, educacionales y sanitarios.
Y se debe de obligación. Tenemos el deber desde la administración pública de remover los obstáculos que dificulten e impidan la igualdad.

Tenemos el deber de evitar la discriminación, de procurar la integración y la integridad de las personas. Tenemos el deber de luchar contra todo aquello que impida a una persona ser tratado de acuerdo con la dignidad que corresponde al ser humano. Tenemos el deber como parte de los poderes públicos de defender los derechos humanos, que son aquellos que dignifican a la persona, que le atribuyen esa cualidad.

Por eso en esta ley hablamos del derecho humano a la libre determinación del género, género distinto del sexo, de la orientación sexual, de la opción sexual. Olvidémonos del sexo (así lo expresaba maravillosamente Jessica en una reunión de trabajo) y hablemos de lo que una persona es porque así lo siente, y ofrezcamos a esa persona la posibilidad de desarrollarse libremente. Porque la libertad es la base de la democracia, de la democracia real.

Hacemos esta ley para garantizar que nadie puede imponer a nadie sus creencias o ideologías y obligarla a ser quien no es, obligarla a ser otra persona con otra conciencia de sí mismo. ¿Puede obligarse a ello? Impedir el reconocimiento de esta libertad no lo impedirá, solo añadirá un sufrimiento más a quien deberá enfrentarse a muchos estereotipos sociales antes de aceptarse y ser aceptado. A quien tendrá que enfrentarse a esa absurda imposición del binomio niño- niña que desconoce la existencia de otras realidades.

Ha sido un camino muy difícil, porque ha removido las conciencias de todos y todas quienes participábamos en la elaboración de este texto abordando el mismo desde fuera, desde la inexperiencia de lo que se siente y se vive, desde el más absoluto desconocimiento de las terminologías, desde las meteduras de pata del lenguaje heteropatriarcal que se impone allá por donde transites, desde  la comprensión y a veces desde la incomprensión de quienes, sin embargo, viven esta realidad y tienen la sensibilidad a flor de piel.

Han sido muchas las personas que nos han ayudado, padres, madres, adolescentes que como decía Silvio Rodríguez son seminiños asustados mirando a la gente, mucho más asustados al romper con todo lo establecido y que se espera de ellos y ellas, jóvenes con la seguridad de lo que quieren y comiéndose ese mundo al que poco tiempo atrás miraban con miedo, y mayores, incluso muy mayores como Kim Pérez que guardan el arrojo en su mirada y descansan por la noche para recargar las pilas de la valentía que supone día a día ser un desafío permanente al orden, o al ordeno y mando de la intransigencia y la ceguera de la cerrazón.

A todas esas personas agradecemos desde IULV-CA que nos hayan enseñado, guiado y acompañado, y especialmente a Kim y Mar, a Angela y a Pablo que, por motivos laborales no puede estar hoy aquí. Ángela y Pablo por la autoría de los diferentes borradores, Kim y Mar por la pelea constante, por haberle puesto voz a un sufrimiento que hoy empieza a dejar de serlo.

La madurez democrática de una  sociedad, se mide cuando a ningún sector de su población se le cercenan Derechos Humanos Fundamentales. La IGUALDAD no puede tener “condiciones”, la IGUALDAD ES PARA TODAS Y TODOS, o NO ES IGUALDAD.

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